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Robots como fuerza de trabajo

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La polémica está servida.Estamos en la antesala de una más que segura revolución en nuestro entorno de trabajo. La 4.0. En muchos casos y en muchos ámbitos ya se está viviendo en ella. Sin embargo, no todo es un camino allanado. Al contrario, existen muchas cuestiones  para resolver. Solamente hablemos de un par de cuestiones.

  • ¿Nos van a quitar puestos de trabajo la robotización de las máquinas?
  • Los robots, ¿deberían pagar impuestos o cotizaciones por suplir los humanos?

 

La primera cuestión es clara. Los robots van a quitar puestos de trabajo. Sin embargo, si nos quedamos hasta aquí,la respuesta sería correcta, pero no sería del todo verdadera. Habrán puestos que desaparecerán, seguro, pero lo que también es una evidencia es que se van a crear otros puestos, de los cuales muchos de ellos ni siquiera los conocemos. Es obvio que como cualquier revolución nos propone, los cambios son fuertes e incluso traumáticos. Y a lo mejor, con una mirada a corto plazo, vemos amenazados muchos presupuestos establecidos desde hace tiempo. Pero estoy seguro, a medio y a largo plazo el cambio resultante será espectacular, y todos, después del esfuerzo para resituarnos, estaremos ante un nuevo escenario.

En cuanto al segundo punto, hay países que lo están estudiando en profundidad, y cuyo debate hay que considerar todo tipo de opiniones. En esta más que previsible situación donde las máquinas sustituirán a corto plazo muchos humanos, es obvio que las recaudaciones y las cotizaciones bajarán en picado, ya que las máquinas no van a cotizar. ¿Estará a salvo el estado de derecho? Este debate se antoja abierto con una difícil conclusión. En definitiva, lo que se discute es una menor recaudación. ¿Nacerán nuevos modelos a la hora de recaudar estos impuestos? En principio en los robots, una de sus ventajas es el menor coste en la producción.

No existe todavía ninguna respuesta a la nueva situación. Lo que si está claro es que habrá una nueva situación y un nuevo entorno muy diferente.Por eso hablamos de modelos disruptivos.